LA MUJER CONTRA EL DRAGÓN

EVANGELIO NARRADO POR JESÚS Leo J. Mart.
ENSEÑANZAS DEL APOCALÍPSIS

LA MUJER CONTRA EL DRAGÓN

Mi Padre Dios reunió a todos los ángeles del Cielo y les mostró los designios eternos de su Santa voluntad, una Mujer vestida bellamente con los rayos poderosos del sol, puso la luna a sus pies para que sea Ella la que le de brillo a la luna, y en su cabeza una corona de doce estrellas.

La corona de Mi Madre, hijo, está adornada con las estrellas brillantes de la fidelidad de Mis Doce Discípulos “de doce en doce, hasta el final del mundo”-.

Esa Mujer que apareció en el Cielo, hijo, Mi Padre Dios la mostró encinta de su amado Hijo, porque Ella iba a ser Madre de Dios. Mi Madre gritaba al sufrir dolores de parto y tormentos de dar a luz, a la Luz de las naciones (cfr. Ap 12, 1-2)

Toda luz es producto del dolor de muerte del cirio que se gasta. Todo fruto es producto de la muerte de la semilla que generosamente da su vida para que otro viva.

Mi Padre Dios que ya conocía el corazón de los ángeles traidores, sabía que ellos no iban a aceptar a la Mujer. Ante la Mujer que iba a dar a luz un Hijo, apareció un dragón furioso (Luzbel, el querubín soberbio), y con la fuerza de su envidia convenció de rebelión a una tercera parte de los ángeles del cielo, que brillaban ante Mi Padre Dios como estrellas en la noche.

Las estrellas, los ángeles caídos, fueron arrojados a la tierra. La tierra es el epicentro de la guarida de Satanás, porque así lo ha querido Mi Padre Dios, para probar a los justos en la fe.

Y el dragón se puso delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo al nacer (cfr. Ap 12,4).

El Hijo de la Mujer, Jesús, es <El que ha a regir todas las naciones con cetro de hierro y como vaso de cerámica los romperá> “como dice el Salmo II-.

El Hijo de la Mujer que apareció en el Cielo, es aquel de quien había dicho Mi Padre Dios: <Tú eres Mi Hijo, Yo te he engendrado hoy> (Sal II,8).

El Hijo de la Mujer nació y <fue arrebatado hasta el Trono de Dios> (Ap 12,5). <Y la Mujer huyó al desierto> (Ap 12,6), para ponerse en oración. Mi Madre es maestra de oración.

Hijo, en la soledad del desierto de tu alcoba, cuando estas en oración, no entra Satanás, porque los ángeles del Cielo se encargan de expulsarlo.

León Martinez
Civitas Orationis
La ciudad para aprender a escuchar la voz de Dios
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